28 de marzo de 2007

Yo “también” Acuso









Hoy Yo Acuso.
Pero no como Zolá,
No habrá carta abierta al presidente,
No arremeteré contra las autoridades,
No defenderé a nadie.

Mi situación es más simple.
Yo lo acuso a usted, señor,
por no medir consecuencias,
por no mirar más allá,
por no saber interpretar.

Yo lo acuso en nombre de muchos,
que cegados por su locura,
han quedado solos,
juzgados,
desterrados.

Yo acuso sus palabras dantescas,
Su maldad infundada,
Su actuar sin vergüenza.
Lo acuso por sus redes,
esas malditas redes...

Hoy, yo lo acuso por llorar,
Lo que usted mismo ha engendrado,
Yo lo acuso en su locura,
En sus versos,
En su silencio.

¡Que lo apoyen en su “bondad”!
Yo lo acuso por el no juicio.
Por su ojo palpitante,
Su mirada encantadora,
Yo lo acuso a usted, señor.

¡Que me juzguen y destierren!
Si por acusarlo de este modo,
Hablo sólo con razón,
Y abandono entonces mi pasión.

23 de marzo de 2007

Elegido









Y entonces...
¿Quién de vosotros tendrá el honor?
de caer,
empuñar el llanto,
de vivir entre los vivos...

¡Cuidado!
Siempre están los ciegos,
Entumecidos,
Retorcidos,
Gimiendo entre acordeones.

Son ya mil vueltas,
mil besos,
mil espantos,
y ninguno de vosotros habéis hablado,
ni siquiera anhelado.

Ha sido un tiempo eterno,
de vientos y cuerdas,
donde sólo uno,
quien yace callado y amado,
tendrá el honor.

...de deambular entre pupilas...
...de vivir entre los vivos...

21 de marzo de 2007

Historia

Siempre ha sido así...
una palabra, una expresión
y yo que muero ante tus versos.

Al principio, palabras sueltas,
luego una conversación,
y hoy aquel café,
olvidado, secreto e inocente.

Entre luces te divisé,
despierto, cansado y atractivo,
sabía que vendrías,
me lo dijeron tus palabras.

Siempre ha sido así,
desde hace dos horas, dos semanas,
dos años, quizás dos siglos,
cuando te conocí...

19 de marzo de 2007

Vida y Muerte de una Canción

Escucha cuando respiro,
son sólo notas,
no te asustes,
no corras,
soy yo.

Un concierto hay aquí dentro,
esperando eterno,
ser escuchado,
querido,
y amado.

Siente mis palabras,
que son acordes,
melodías,
quizás tuyas,
jamás mías.

Dices nunca,
y me dejas sola,
en silencio y muda,
mientras escuchas,
que ya no respiro.